La vocación y el amor de Cacho Castaña por la música comenzaron en la niñez, a los 14 años ya era profesor de piano, casi un niño prodigio. Empezó como pianista en orquestas de tango, y en la segunda mitad de los años 60 se presentó como cantante en programas "ómnibus" (programas de más de 6 horas en vivo) que los sábados destinaban su primera hora a nuevas voces, en Canal 9.
Es autor, de muchos éxitos como Café La Humedad, Lo llaman el matador, La reina de la bailanta, Señora si usted supiera, Garganta con arena (dedicado a Roberto Goyeneche), Tita de Buenos Aires (dedicado a Tita Merello), La gata Varela (dedicado a Adriana Varela), Septiembre del 88, Ojalá que no puedas, Quieren matar al Ladrón (en coautoría) o Para vivir un gran amor, entre otras. Obtuvo el Premio Gardel en 2005, por su álbum Espalda con espalda.
En octubre de 2014 debió ser internado en el Sanatorio Los Arcos tras sufrir un accidente doméstico que le provocó una fractura de cuello de fémur,lo que requirió una cirugía de cadera, que afortunadamente resultó exitosa, pero complicó su evolución el desarrollo de una infección respiratoria, por lo cual debió recibir antibióticos. Cacho pasó varias semanas conectado a un respirador bajo medicación sedante y con apoyo de fármacos vasoactivos para apuntalar su función cardiocirculatoria, siendo su pronóstico delicado durante ese lapso.Luego de pasar por ese difícil trance, fue dado de alta y trasladado a una clínica de rehabilitación.
En 1934 reingresó a la Argentina por Entre Ríos y se radicó en Rosario (provincia de Santa Fe). En 1935 se estableció en Raco, provincia de Tucumán. Pasó brevemente por la ciudad de Buenos Aires —donde diversos intérpretes comenzaban a popularizar sus canciones— para actuar en radio. Recorrió después Santiago del Estero, para retornar por unos meses a Raco en 1936. Realizó una incursión por Catamarca, Salta y Jujuy. Más tarde visitó nuevamente el Altiplano en busca de testimonios de las viejas culturas originarias. Retornó a los Valles Calchaquíes, recorrió a lomo de mula los senderos jujeños y residió por un tiempo en Cochangasta,provincia de La Rioja.
Es interesante destacar que en Tucumán en 1942, conoce a una "quebecuá", una francocanadiense, Nanette con la que convivió y luego en 1946 se casó via Montevideo (legalmente era bígamo)- Con Nanette tuvo su último hijo, Roberto, que en la práctica fue el único que mostró como tal, tal vez influido por Nanette, quien llevaba las riendas en la pareja. Los tres primeros hijos de Atahualpa, si viven, en Junin u otra parte- son hoy casi octogenarios. En cuanto a Roberto, heredero de la fortuna de su padre, tiene sus propios dramas familiares: su hijo Emiliano le inició juicio por el manejo del museo de Cerro Colorado.
¿Por qué no podemos olvidar que crecimos? ¿Por qué no podemos olvidar el pasado?
¿Cómo podemos superar todos los obstáculos del presente si aún el pasado nos persigue?
¿Cómo poder amar el presente si aún nos duele el pasado y nos trae tanta melancolía?
¿Cómo poder disfrutar o vivir en esta realidad, si la realidad del pasado voltea en nuestra cabeza?
¿Cómo poder voltear la página del libro de la edad, si aún las fotos y recuerdos del corazón están ahí pegados de la próxima página y no le dan la oportunidad de voltear para continuarla?
¿Cómo poder reír en el presente si las risas de las estrellas de corazón que existieron en nuestro pasado aún nos persigue?
Cuando ahí existía el buen humor, la alegría, la inocencia, la Navidad, pura infancia y el buen corazón, cuando pensábamos que todo era nuestro que todo nos correspondía y que éramos dueños absolutos del paraíso inolvidable, donde cada deseo era cumplido y cada buen hecho recompensado, en donde no debíamos luchar tanto por lo que queríamos porque las hadas familiares cumplían todo...
Pero aquí, aquí la madurez tomó el lugar de la infancia, la responsabilidad se apoderó de nuestros hombros, las nubes grises pasan de vez en cuando por nuestras vidas, para amargarnos la existencia, la culpabilidad del fracaso trae la decepción en nuestra alma en donde cada recuerdo es una lágrima.
¿Cómo poder no suspirar por esos recuerdos que casi todos trajeron alegría en nuestras vidas?
¿Cómo no desear parar el tiempo y seguir siendo un niño, un niño del pasado, presente y del futuro, pero un niño sin ser necesario crecer?
¿Cómo poder caminar por la calle, si las huellas de los pasos lejanos aún existen y no nos dejan caminar más sin recordarlos?
¿Cómo poder disfrutar del otoño presente, si lo del pasado aún lo sentimos en nuestra piel, sentimos el viento en nuestra mejilla y su lluvia en nuestros oídos? Cuando era tiempo del rencuentro con esos amigos y de tanta felicidad en verlos.
¿Cómo poder sentir este otoño, si aún el otro nos rapta con todo nuestro corazón en el pasado para poder vivirlo nuevamente?
¿Cómo poder soñar para un futuro mejor o soñar para que unas cosas que más amamos y queremos se cumplan, si aún no fuimos capaces de luchar por los cumplimientos de los otros deseos?
¿Cómo poder gritar y llorar diciendo que queremos libertad, afecto y compresión y nos quejamos que no somos oídos, si en el pasado no acostumbrábamos expresar los sentimientos y las personas no están acostumbradas con esto?
Lo que debe de pasar, es saber y aprender vivir, con el presente y el pasado.
Vivir equilibradamente, no hacer los mismos errores que hicimos entonces y hacerlos buenos ahora.
Saber luchar en el presente, también para los sueños del pasado, como también por los presentes, porque así serán todos cumplidos y mejor tarde que nunca; aprender a caminar al lado de esas huellas que totalmente no podrán ser borradas, pero serán como un aprendizaje para nosotros; tratar de vivir con las fotos del corazón, del alma y dejar sólo una lágrima y sonrisa aparecer, mientras que volteamos la página de la vida, porque sabremos que ahí llegarán mas recuerdos que recordar y extrañar; dejar el otoño pasado atrás y echarlo de menos sólo con el corazón, y el presente otoño vivirlo sólo en nuestro modo, con el corazón e intensamente para no arrepentirnos después.
Tenemos que aprender con todas las flores que tenemos sembradas en nuestras vidas, vivir con ellas y si se han secado traer otras (quedando con el inolvidable recuerdo y amor para ellas) para que el jardín de la vida nunca se seque, porque con el sol del cielo, las lágrimas del hielo en el suelo, el abrazo, amor y afecto las tendrán vivas, para una eternidad gloriosa y solamente: